Ha llevado a la gente a saltar de edificios, morder a otros y meterse en las casas de extraños.

Ahora, la policía dice que es solo cuestión de tiempo antes de que alguien muera como resultado del “polvo de mono”, una droga sintética que está ganando popularidad en la región de las Tierras Medias Occidentales, en Inglaterra.

“Por la noche no salgo, porque es cuando las personas que toman drogas tienden a salir”, le dice a la BBC Molly Lawton, una cocinera de 19 años de edad de la ciudad de Stoke, Staffordshire, Reino Unido.

“Ves a alguien que consume ‘polvo de mono’ balanceando sus brazos, gritando y gritando. [Por la noche] eso me asustaba hasta la muerte“.

El “polvo de mono” es un medicamento de clase B -una clasificación dada por el Parlamento Británico, en la que se incluyen anfetaminas, barbitúricos, codeína, marihuana, catinonas y cannabinoides sintéticos- que está en circulación desde hace varios años.

El medicamento evita que los consumidores sientan dolor y les causa alucinaciones, lo que los hace muy impredecibles.

Se distingue además porque sus efectos pueden durar días.

Droga barata

La policía ha tenido que atender casos en los que las personas se lanzaron al tráfico y saltaron de edificios.

Nadie ha muerto hasta ahora en un incidente directamente relacionado con el consumo de “polvo de mono”, pero existe la preocupación de que solo sea cuestión de tiempo.

A la venta por US$2,5 la bolsa, se dice que el “polvo de mono” es muy popular entre la comunidad de los sin techo.

Un hombre, que dice llamarse Smithy, lo consume desde hace un año.

Smithy, de 31 años, lleva diez con problemas para dormir y cuenta que esta es una de las drogas más potentes que ha probado.

“Odio el hecho de que me guste. Lo odio cada vez que lo consumo, pero aun así lo hago”, relata en conversación con la BBC.

“Lo peor que hemos visto”

Jeff Moore, jefe de la policía de Staffordshire, dice que en los últimos tres meses recibieron 950 llamadas relacionadas con la droga.

“Con frecuencia vemos la paranoia: ejemplos de personas que saltan al tráfico, se suben a puentes y edificios altos, se meten a las casas de las personas”, explica.

“Desde el punto de vista de las drogas, esto es lo peor que hemos visto. No solo por el consumo del medicamente en sí, sino por el hecho de que pone en riesgo la seguridad de los demás”.

Moore añade que es difícil para los agentes lidiar con ellos, porque los consumidores de la droga son impredecibles, y pide que se tenga una mirada más amplia sobre los problemas sociales y de salud pública que contribuyen a su consumo.

“No se trata solo de un grupo de personas que no tienen hogar y están en la ciudad”, agrega, y cuenta que hay personas de diferentes orígenes y edades que también lo consumen.

“Gente escondiendo armas”

Darren Murinas, un traficante de drogas rehabilitado que trabaja con el grupo Expert Citizens, dice que vivió con tres personas que consumían la droga.

“Estos muchachos habían estado consumiendo crack y heroína, pero dejaron de hacerlo por el precio”, señala.

En una ocasión, explica, uno de sus compañeros de piso pensó que había alguien bajo la tarima del piso que iba por él y no durmió durante días.

“He visto cómo induce a episodios psicóticos: personas que ocultan armas porque tienen miedo”, agrega.

Murinas dice que conoce a una persona adicta a la droga que está “constantemente en el hospital”, y otra que sufrió un trauma cerebral grave.

“Tenemos que comenzar a hacer un registro de este problema para que podamos obtener los datos”, opina.

“Y tenemos que mirarlo desde una óptica de salud mental, no solo policial”.

El Ministerio del Interior británico dijo que su estrategia de drogas “establece un enfoque equilibrado que reúne a policía, sanidad, la comunidad y los socios globales para combatir el tráfico ilícito de drogas, proteger a los más vulnerables y ayudar a quienes padecen de drogodependencia a recuperarse y cambiar sus vidas” .

Entre los habitantes del centro de la ciudad de Stoke, muchos han visto los efectos más evidentes de la droga.

Ari, un guardia de seguridad, dice que le está causando problemas a las empresas en el área.

Charlie, un estudiante de 18 años que ha probado la droga varias veces y cuyo apellido no revelamos, sostiene que nunca volverá a tomarla.

“Me sentí raro”, expone, recordando sus efectos. “Sentí que cuando la tomé por primera vez caminaba como un zombi. No es inteligente consumirla”.

Él dice que ha habido esfuerzos para educar a los estudiantes sobre los peligros de la droga en su universidad, a medida que la ciudad se vuelve más consciente de sus efectos.

Para Molly, la preocupación es que la situación empeore en vez de mejorar.

“Hay mucho [polvo de mono], porque los traficantes lo venden por solo US$2,5 por bolsa“, subraya.

“Al ser tan barato, también habrá más personas consumiéndolo por todo Stoke”.